
Mi faro preferido,
para que no te pierdas.
Mi isla preferida,
para que reposes.
Mi orilla diaria,
para que sepas donde estoy.
Mi elefante pequeño,
para darte fuerza.
sin hacer ruido.
Todos tenemos el derecho a sentir el amor. Dedicado a mi hija y a la mujer que llegará a ser



Quiero volver a la playa de conchas huecas, donde dejé mis nostalgias.
Quiero cantarles una nana para que duerman con estrellas y lunas de mareas.
Quiero pasear por los caminos, donde mis pisadas quedaron quebradas en la duda.
Quiero darles un camino de pasos con huellas.
Quiero volver junto al faro de mis acantilados, luz ansiosa por no perderme.
Quiero cerrar mis los ojos, los barcos seguirán sus luces.
Quiero volver a esperar el horizonte dorado, esplendor cegador.
Quiero el brillo de mis ojos cada día, las mañanas comienzan en mí
y…. todo queda en su lugar.
Te acuerdas aquella tarde con el humeante aroma a café.
Te hablaba y te admiraba y te temblaba.
Recuerdas que me atusaste el pelo,
casi no me tocaste
temías romperme,
difuminarme entre los rayos que entraban por la ventana.
Mientras hablabas
yo contaba los años que nos separaba.
Imaginaba, viajaba hasta el hueco de tus sueños
donde tú también me amabas.
La mesita de aquel pequeño café
atalaya de impotencias.
Recuerdas al despedirte, me besaste.
Aquella tarde el sol plañía.
Yo también,
igual que tú.
Esa plaza era tan visitada por mi.

