Te acuerdas aquella tarde con el humeante aroma a café.
Te hablaba y te admiraba y te temblaba.
Recuerdas que me atusaste el pelo,
casi no me tocaste
temías romperme,
difuminarme entre los rayos que entraban por la ventana.
Mientras hablabas
yo contaba los años que nos separaba.
Imaginaba, viajaba hasta el hueco de tus sueños
donde tú también me amabas.
La mesita de aquel pequeño café
atalaya de impotencias.
Recuerdas al despedirte, me besaste.
Aquella tarde el sol plañía.
Yo también,
igual que tú.
Esa plaza era tan visitada por mi.




