
Así luce mi ciudad, la Alameda de Málaga, cada año los árboles centenarios sirven de soporte a las miles de bombillas que nos recuerda que la navidad una vez más llega a nuestras vidas.
Cada año caemos en lo mismo, consumir, regalos, comidas y como no, excesos.
La navidad viene cargada de luces, villancicos, regalos, consumismo y colmada de nuevo de guerra, de hambre y de niños sin comer.
Parece que hacemos todo lo que ellos carecen, comprar de más, comer de más.
Al final esto se convierte en un teatro.
Este año mi familia concluye la navidad con regalar sólo a los niños, los adultos nos quedamos con el contacto humano de sentarnos a la misma mesa y recordarnos que gracias a Dios un año más estamos juntos. Y como no reír y cantar villancicos.
De nuevo como el año pasado una vela para celebrar que llevo en mi corazón todos los niños que se quedan sin saber que la navidad viene afortunadamente sin hambres para algunos.
Señor Papa Noel, el año pasado lo invité a cogerme de la mano y rezar a mi Dios por los niños que se quedaron más que sin regalos sin niñez. Cójame de nuevo esta vez con más fuerza a ver si ocurre el milagro de una vez por todas.
Y digo yo, entre los camellos y el reno, podemos llevar a los que tienen el poder, ese mensaje.
Mucho me temo que ellos también andan colgados de las muchas guirnaldas de luces.
Busquemos donde está el interruptor de encendido, el de la conciencia humana para hacer el bien que realmente los cataloga como humanos.
Mientras tanto, fe y esperanza, también fuerza y mucho amor, a ver si con amor encendemos un día las miradas de aquellos en que la navidad no tiene bombillas.
Os quiero a todos Feliz Navidad.










