
En tus manos, Antonio, quiero perder mi tiempo, el de la felicidad y el de la soledad.
A ellas llego a veces como una niña asustada y encuentro la luz que enciende mi oscuridad.
Otras ocasiones soy el hada, la ninfa que trae a tus manos los sueños de niña, las fantasías de mujer.
Quiero que retengas en tus manos todos mis miedos y me cantes esa canción nuestra, la de
tu guardián.
Quiero encontrar en las palmas de tus manos los espejos que me muestren las arrugas de mi derrota esas que hablan de mi soberbia. Quiero que por tus dedos se escapen aquellos pensamientos que a veces me hacen azotar nuestro amor.
Tú, mi vida, mi amor, mi consuelo, mi mundo, quiero entregarte en tus manos, como leal correo de zares, este mi otro mundo, el que aprendió a reprocharte y también amarte.
Quiero en tus manos todo los rincones de mis letras y mis pensamientos.
Quiero que entres en las oquedades del mundanal cobertizo de mis ideas como entraste en mi Faro de la Cala de Mijas, en mi acantilado, particular altar de nuestro sí quiero.
Quiero entre tus manos las mías, las capaces, las tímidas, las seductoras, las oprimidas, las liberales, las mías en las tuyas Antonio.
En tus manos estuvo, como te dije mi pasado, precioso recorrido que la vida me hizo por el tiempo hasta llegar a las huellas de tus dedos y dejar muescas en mi alma para siempre.
Para Antonio, que cuida de los sueños de mi niña y de su mamá.
Esta entrada hace tiempo que la publiqué, esta vez con más sentido la vuelvo a publicar, para que sepas Antonio que los errores al menos en mi no caen en saco roto.
Ayúdame, sin ti esta vez no soy capaz.