
Y te bebes la miel de mis ojos.
Mis párpados retienen el tacto de tu requiebro.
Mientras me escuchas.
Mi piel recibe tu escucha, tu silencio.
Sonríes en mi gesto lleno de vida.
Vivo también para contarte.
Pero si yo te toco,
me traigo enredado entre mis dedos.
Tus latidos, ...
tal vez, ¿son los míos?
Si me tocas confundo nuestro pálpito.








