
Una vez me comentaron que escenas como esta pueden tocar el corazón.
Podemos imaginar que este señor se quedó esperando la cita de su vida o bien está recordando escenas de una vida pasada llena de momentos hermosos.
Desde aquí, observo sus manos, parecen retener caricias que estuvieron llenas de vida en la piel de otra persona.
Quiero desde aquí hacer un homenaje a nuestros viejos, personas que llevan un pasado, una época y unas decisiones que forjaron parte de nuestra historia. A veces los veo sentados al sol con la mirada perdida y tiemblo al pensar si sienten que todo acabó para ellos.
Intento encontrar en sus pupilas perdidas un señal de alerta, aquello que ellos saben y yo no. La experiencia de un tiempo difícil. Intento decirle que calme mi pulso porque a veces no sé qué hacer con la preadolescencia de mi hija.
Intento en su miedo a la soledad aferrar mi propio temor por lo desconocido del futuro. Encuentro entre sus arrugas, la vertiginosa fragilidad de mi belleza exhuberante.
A veces una frase, "son como niños", nos calla la conciencia y no nos damos cuenta que la verdad de nuestro ser comienza en su silencio apartado, ellos saben de trayectos, de ciclos, de realidades y de minutos. No, no son como niños, son como yo ...
si el tiempo me otorga ese honor, ser como ellos.
Quiero dar las gracias a Jota Ele porque su foto me inspiró esta entrada, y con la generosidad que lo caracteriza, me la cedió.
Haciendo referencia a los comentarios de Mercedes y Jota Ele, (con toda la razón del mundo), la palabra viejo conserva más calor humano que tercera edad, como es de sabios rectificar pues rectificado queda. Gracias por vuestra observación.
Me paso el día con estadísticas de poblaciones y ..., deformación profesional. (Suena a justificación!!!!!!!!!!!!!!, anda, anda que lo estoy arreglando)
Lola Padilla